Somos racionales, consecuentes y no cambiamos de chaqueta (¿os lo creéis?)

A principios de año —feliz 2013 aunque sea con un poco de retraso— me encontraba este tuit de Josu Mezo, responsable de la interesante web de malaprensa. Como veis enlazaba un artículo de El País en el que se habla de un estudio de tres universidades que han hecho un gran experimento psicológico, con una amplia muestra de varias edades, en el que se concluye que toda la gente piensa que sus convicciones y gustos actuales son los definitivos. Da igual que tengas veinte años o sesenta. Piensas que lo de ahora es lo que vale, aunque admitas que has cambiado bastante desde hace unos años.

La verdad, podría estar desgranando cosas del artículo que me parecen muy interesantes, pero el señor de El País es un profesional y nos explica muy bien las cosas que vienen en el artículo: nuestra tendencia a pensar que no vamos a cambiar a partir de ahora y cómo planeamos el futuro según esas ideas para ver después que hemos cambiado y no nos gusta la decisión que tomamos en su momento, ni aquello que compramos con tanto placer y que querríamos siempre. Un artículo muy interesante que me ha empujado a compartirlo en el blog y a decir cuatro chorraditas más para que esto no sea solo citas, críticas de cine y motos. Bueno, y para poner el primer post del año que ya era hora.

La verdad, me he sentido un tanto identificado, ves tu evolución a lo largo de la vida, y sobre todo de tus amigos —siempre se ve mejor el cambio en los demás que en ti mismo— que pasan de ser ecologistas radicales que no aprenderán a conducir y se van a ir a vivir al campo a ser propietarios de casa en el centro de la ciudad y con un coche pequeño y que utilizan poco, pero coche al fin y al cabo. Sí, hay muchas cosas que mantenemos más o menos fieles pero siempre aflojamos y somos indulgentes con nosotros mismos, sin necesidad de grandes desengaños y traiciones. Simplemente el paso del tiempo hace que seamos menos radicales y veamos las cosas con cierta dejadez que haga humanas las ideologías.

Y en cosas más sencillas se nota mucho más, porque nos importa menos reconocerlo. Ese grupo que oías una y otra vez hace dos años ahora sólo te despierta alguna sonrisa cuando salen de los recovecos oscuros de tu disco duro cuando pones el modo aleatorio. O directamente los saltas y piensas que debes borrarlo. O cuando te paras a pensar en que hace unos años no pensabas comprarte un móvil, después un smartphone porque no lo aprovecharías o que lo táctil te parecía incomodísimo. Pero con el tiempo tragas, igual que ahora se ven normales los tatuajes y los pendientes en la cara. Mucho más normal que hace veinte años. O cualquier moda de vestir que se va imponiendo: los pantalones cagaos, las camisetas, las zapatillas en sus diversas formas y colores… O cómo esa ración que adoras en ese bar que antes visitabas una y otra vez ahora te sigue gustando pero de tanto repetir de lo mismo, pues te aburre. Tantas cosas.

A raíz de este estudio sobre las convicciones y creencias no puedo evitar pensar en cómo nos moldean los medios y las películas. Aunque seamos lo suficientemente inteligentes para pensar que los medios tienen sus directrices y que las pelis y los libros son mentira; luego resulta que, como poco, hablamos de los temas que salen en los periódicos, teles y redes sociales, y no te cuento de la influencia de las pelis. ¿Alguien se imagina ahora una escena romántica sin velitas, flores y a media luz? ¿Por qué? Porque durante cientos de minutos hemos visto que en las pelis y series eso es lo que hay que hacer para ser romántico. O qué se supone que es lo divertido en una fiesta o incluso se intenta ser original según se ve como son los originales de las películas y los libros, algo un tanto contradictorio si lo piensas detenidamente.

Por resumirlo, no deja de asustar que  simplemente que cuando nos enfrentamos a un problema nuevo no podemos evitar pensar en como lo solucionan en películas, series y libros ¡de ficción! que hemos consumido antes de consultar a amigos o familia. Es más, me temo que cuando consultas a alguien, también te hablará como si esa ficción fuera parte de su experiencia propia, y te planteará las soluciones de acuerdo a eso que ha leído y visto. Sobre todo si no ha pasado la misma experiencia. Es sorprendente y no sé si un poco aterrador como nos dejamos guiar por ficciones, además haciéndolas pasar por propias. Y es que en muchos casos, como decía aquí, pasan a ser tan parte de tu vida como algún conocido.

En definitiva, es muy interesante leer sobre cómo nos vemos y cómo somos realmente y dejar volar la imaginación sobre que nos influye, cuáles son nuestros sesgos mientras picoteas cosas sobre ello en internet. Eso sí, siempre pensando que a mí me pasa mucho menos porque ¡oye! yo soy un chico estudiado y miro muchas cosas por internet. Todo eso que dicen que le pasa a la mayoría a mí no me pasaría nunca, jejeje.

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