La «profesionales» de los gimnasios

Mancuernero de gimnasio

¡Vida sana!, ¡muévete!, ¡haz ejercicio! Una letanía cada vez más arraigada en nuestro subconsciente colectivo. Unas frases que te machacan una y otra vez desde todos los frentes. Especialmente a principios de año y cuando se va acercando el verano porque aunque la excusa es la salud, si se está delgado o fuertecito —depende si se es mujer u hombre— es mucho mejor.

Sinceramente, llevo unos cuantos años yendo a gimnasios porque, aunque sean pesados con la vida sana y el ejercicio, no les falta razón. Hacer ejercicio te relaja, hace que te sientas mejor y te ayuda a comprender que el esfuerzo tiene su recompensa. Es más, después de ir a uno admiras el trabajo de todas esas bestias pardas muy musculadas. Eso es mucho esfuerzo y tiempo invertidos. Yo no paso de hacer un poco de ejercicio para poder atracarme a comer sin remordimiento y estando sólo ligeramente redondo pero sin llegar a mutar a bicho bola. Bueno, eso y que al final el ejercicio te libera un poco de preocupaciones. Después de unas carreras y pesas todo se ve con otra perspectiva.

Pero a lo largo del tiempo hay una cosa que no falla. Da igual si es un gimnasio de barrio o uno pijo con muchas máquinas chulas y gente, en cualquiera te encontrarás a los «profesionales» del gimnasio. Esa gente que lleva mucho tiempo apuntada al gimnasio, conoce a los monitores y se pasa unas cuantas horas casi todos los días. Su característica fundamental es realizar levantamientos de pesas y ejercicios con posturas inverosímiles. Si se tienen que colgar, retorcer y ocupar varios aparatos a la vez, ¡mucho mejor! Porque ellos ya llevan mucho tiempo y ¡cómo van a hacer ejercicios normales!, ¡coño, son «profesionales»!

Tienen una especial predilección por colgarse de barras o usar las máquinas de una manera totalmente antiintuitiva, contrariando los dibujitos que suelen llevar. Porque ¿acaso un asiento es para sentarse? Mucho mejor poner los pies y usar el respaldo para apoyar el pecho. Por supuesto, debe llevar camiseta de tirantes o muy ajustada —error en el que caen casi todos los que se ponen un poco fuertes, no solo ellos— combinada con su recipiente para batidos y con extras como cronómetros y pulsímetros.

Aunque llevar mucho tiempo en el gimnasio es una condición necesaria para convertirse en «profesional», no es suficiente. Debe de haber algún patrón en la mente para convertirse en ellos. Suele ir aderezado con la necesidad de ser muy amigo del monitor, hablar mucho de proteínas, creatina y también dar consejos que no te piden a los novatos. Es una especie mucho más abundante entre los hombres que entre las mujeres, sobre todo en las salas de pesas. La «profesional» es más de apuntarse a todo tipo de yoga, pilates, spinning y clases con nombres  extrañísimos, cuanto más impronunciable y raro, mucho mejor.

Suelo pensar que este tipo de gente es la típica que en otros ámbitos presume de lo especial que es lo que hacen, donde compran o de dónde le traen las cosas. Esa gente que no puede evitar que todo los suyo sea mágico y poco común. Ellos son especiales.Pensándolo así, quizá debería llamarlos los hipsters de los gimnasios. No sé, no sé.

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