El espíritu del vino

In vino veritas

Una manera fácil de conocer a una persona es emborracharse ligeramente con ella, ver si tiene buen o mal vino, como dicen en mi casa. Todos los defectos que tenemos salen a la luz porque perdemos parte del control de uno mismo y sale a la luz el baboso, el violento, el gracioso, el llorón o el sieso que llevamos dentro. Si la cosa se pasa un poco, simplemente vemos lo que llevamos dentro y sale fuera.

De hecho siempre me han dado cierto repeluzno los abstemios convencidos que no toman ni una gota de alcohol (y que no tienen problema conocido) quizá porque en mi vida me han dado más de una sorpresa los que he conocido: secretos inconfesables o puñaladas traperas y muchas cosas subterráneas que han tardado en salir a la luz.

Me encanta ese momento de comienzo de borrachera, el siempre celebrado puntillo, en el que todos parecemos más guapos, más listos y más simpáticos. Esos momentos entre amigos son grandes, enormes y a veces hasta son míticos. Es más, considero que una borrachera de vez en cuando es buena, libera tensiones y te ahorra terapias.

Toda esta sarta de obviedades y lugares comunes para decir que todavía me encanta emborracharme de vez en cuando con amigos.

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