El hobbit: la desolación de Smaug

smaug

Otro año que se acaba, y otra vez que lo acabo viendo a Peter Jackson. Y otro año fijándome en lo poco que voy al cine, en este sólo he ido a ver «Django desencadenado». ¡Nada más que dos películas en cine! Tirando por tierra todos los récords de años anteriores. A ver si cuando entre el 2014 sube ese número que aunque esté muy caro, no lo está tanto como para ir tan poco.

En fin, vamos a la película. Tiene más acción que la segunda pero el nivel de invenciones de Jackson empieza a superar el límite, una elfa guerrera, meter a Legolas, cambiar el sentido de secuencias porque la habilidad y el sigilo no van con él… Farfolla que molesta y que lo hace una pésima adaptación —quién va a creer un romance entre una elfa y una enana en el mundo de Tolkien— y eso que hace mucho que no releo el libro.

Sin embargo, el problema no es la pésima adaptación, sino que la película se hace reiterativa y cansina, miles de persecuciones casi iguales en las que el ordenador canta por todos los costados, equilibrismos y arcos como ametralladoras. Elfos —hola, Thranduil convertido en reinona como el Jerjes de «300»— que se supone que son máquinas de matar y muy listos pero luego se les cuela una banda de orcos desharrapados y les da para el pelo. Es una película muy floja aún si me olvido de que intenta ser una adaptación de Tolkien.

De hecho, las persecuciones y las escaramuzas están rodadas de una manera muy confusa y poco espectacular, excepto alguna escena puesta para molar como si tuviéramos doce o trece años. Ya sabéis, al estilo película de kárate o así, atravesar a dos con una flecha, cortar el cuello con dos cuchillos como una tijera y cosas así. Demasiado increíbles incluso para un mundo imaginario. Es como ver las sobradas del «A todo gas» o una de los múltiples Rambo, pero puesta en tres horas y dejándote colgado al final para que tengas que esperar todo un año. También deja mucho que desear el encuentro con el dragón, no porque esté mal hecho, que mola bastante aunque no me llama más la atención que otros muchos dragones aparecidos en películas de las dos últimas década, sino porque se alarga hasta el infinito con unas persecuciones un tanto ilógicas. Pero el encuentro con Bilbo respeta algo el original y está bien halagándolo e intentando engañarle.

Realmente, el problema de la adaptación es cambiar las astucias y estratagemas en las que prima más la inteligencia que la fuerza por una persecución y luchas constantes. Y parafraseando un poco a Dumas, si vas a violar la historia, al menos hazle unos bonitos hijos. Jackson no lo ha logrado con estas películas, en el «El señor de los anillos» lo hizo un poco mejor pero tampoco me convenció mucho, no las tengo entre mis DVD.

Por último hablaré un poco de la técnica, no sé si será porque yo la he visto normal, sin tres dimensiones ni nada. Pero realmente parece un videojuego, en el sentido malo, y cantan muchísimo los efectos especiales. Vamos que no he salido muy contento, aunque sea un poco más entretenida que la anterior pero no muy allá. Aunque supongo que mientras pague la entrada no importará, y seré tan tonto de acabar 2014 con la tercera parte.

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