¿Materialistas?

Siempre se habla de la sociedad consumista-materialista en la que vivimos. De como importa más el tener, las cosas que compras que cómo eres. Es algo que leo una y otra vez, tema casi tópico cuando en las sobremesas se habla de la vida, por no hablar de los sermones, sean de curas o sean de laicos concienciados. Casi siempre asiento con la cabeza pero luego pienso en mí, y oye, pues no tanto. Soy una persona que cuando se tiene comprar cualquier cosa le da vueltas una y otra vez: que si es una tontería, que si es necesario, que si lo voy a usar…

Y no os creáis que os hablo de cosas con un precio muy alto, porque evidentemente cuando se trata de coches, casas o así, todo el mundo le da bastantes vueltas. No, me pasa con objetos que pueden costar alrededor de un euro,  qué sé yo, un bolígrafo llamativo, un imán de recuerdo, etc. Si pasamos a la ropa, utensilios, cosas para aficiones que pueden ser algo más caras ese darle vueltas a la cabeza se agudiza. Sin embargo, llega el momento de tomarse una caña, dos copas o cenar por ahí con gente y oye, todas esas prevenciones y vueltas desaparecen. O asoman la patita solo con una cantidad de dinero mucho mayor.  Concretando para dejarlo más claro: no me parece descabellado gastarme cuarenta o cincuenta euros en una noche cenando y tomando algo con pareja o amigos pero veo un libre de diez euros en bolsillo le tengo que dar un par de vueltas. Y eso que me encanta leer, si ya es algo de cacharros electrónicos o qué sé yo, algo para hacer deporte o cámaras o relojes que me encantan, pues casi hay que hacer un plan de inversión. O simplemente un cacharro que puedes probar para ver si es útil en la cocina o para el coche. Nada, es casi imposible comprármelo por impulso aunque cueste menos que la cena del viernes o el vermú del domingo.

Viendo esto, pues materialista del todo no soy, a no ser que también sea materialismo el querer atesorar experiencias con la gente mientras comes, bebes u oyes música en un festival. Después de hablarlo alguna vez por ahí pues pienso que apreciamos mucho más la compañía y los momentos vividos que la mera posesión de algo. El placer de tener algo muchas veces se agota en el mismo momento de comprarlo mientras que el estar sentado en una mesa con tu gente, comiendo, bebiendo y hablando es algo que da más gusto.

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