¿Por qué me das cupones si no quieres que los use?

Otra entrada más en modo cascarrabias —cosas de la edad— a raíz de dos relativamente recientes, una sobre restaurantes y otra sobre las estrategias de fidelización al cliente. Aunque esta entrada en concreto es más sobre atracción de nuevos clientes que de fidelización porque las ofertas de cupones, dos por uno u otras cosas por el estilo se suelen dar más para atraer a nueva gente que para fidelizar.

Antes era más con anuncios en los periódicos o cheques de cupones que repartían con los periódicos o en la calle. También te los llevaban al buzón de tu casa o simplemente había gente cerca de los locales que te ofrecían folletos o cuponcitos con los descuentos para atraerte a su restaurante. Con la llegada de internet  esto se ha mejorado y modernizado y hay cosas como Groupon o Groupalia en las que reservas la comida completa a un precio mucho más barato en vez de esperar a dar el cuponcito de descuento al pagar. A esta modernización se han apuntado muchos restaurantes y mucho mejor que a eso de hacer su propia web con carta y precios.

Sin embargo, sean ofertas conseguidas de una manera más moderna o una manera más tradicional, sigue ocurriendo con cierta facilidad algo que me hostiliza mucho. ¿El qué? pues el ver como te miran por encima del hombro cuando pides con el cuponcito, como intentan no cogerlo o ponerle algunas condiciones extra o como te empiezan a tratar como cliente de segunda.

Es algo que me pone de una mala leche tremenda y que ha supuesto algún problema que otro con camareros o dueños muy estúpidos. Si es algo a lo que sacas poco rendimiento y que te cuesta más de lo que piensas, ¡no lo pongas!, pero una vez lo has hecho, ¡asume las consecuencias! Porque yo he venido a tu restaurante gracias a esa oferta, y si me tratas mal ni volveré ni lo recomendaré. Si consideras que eres un restaurante para comer todo a la carta y sin ninguna oferta, ten huevos y hazlo, a ver si sobrevives con ese perfil de cliente.

Yo entiendo que ofrezcas alguna cosa más fuera de la oferta que me ha traído. También entiendo que el tema de los Groupon y similares puede ser problemático. De hecho, me parece sorprendente que siga funcionando. Eso es algo que he discutido muchas veces con el amigo que me lo descubrió y que insiste en que me apunte. Él es un usuario intensivo que va de oferta en oferta —gracias a dios también las comparte— pero que no ha repetido restaurante si no es con cupón. Eso sí, recomienda muchos de los que ha ido, pero comprendo que no son clientes rentables y como acción de publicidad no tiene el alcance que esperan.

Pero no entiendo que eso lo pagues con tus clientes cuando van. Yo no tengo la culpa de que tú hayas medido mal tus ofertas, ni de que no ganes tanto dinero o clientes como esperabas. Si me tratas mal, como un cliente de segunda o no me quieres dar la oferta no solo te arriesgas a una discusión, es que te vas a hacer una publicidad espantosa. Además de perder dinero con esa oferta te va a ser perjudicial como publicidad porque el cliente descontento hace mucho más daño que el contento. Y sobre todo, el cliente está respetando escrupulosamente lo que tú ofreces. No es que te quiera robar, ni aprovecharse, es que tú se lo has ofrecido. Es como cabrearte con el cliente por que pide algo que está en la carta y te da pereza hacer. Si no te gusta hacer ofertas tienes una solución sencilla, no las hagas, pero es ilógico hacer una oferta para llenar más y tratar mal al que viene y la usa.

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