La inutilidad del «tenía que»

tenía que

¿Cuántas veces habré dicho en mi vida «tenía que haber hecho esto», «si lo hubiera hecho de otra manera», «debería haberme dado cuenta», «podría haber elegido esto otro»…? Muchísimas, tantas que creo que por fin cubrí el cupo y ya casi se han borrado de mi lenguaje. Son unas expresiones que repetía con mucha frecuencia porque mi familia también las usa de una manera desaforada. Sin embargo, hasta que no hice un experimento un tanto tonto no fui consciente de cuánto las usaba. Es más no fui consciente que las usaba demasiado y no me sentaba nada bien.

El experimento que me abrió los ojos fue bien sencillo, cada vez que decía una de esas expresiones referidas al pasado tenía que poner un euro en una hucha. Cuando a la semana abrí la hucha y tenía dinero suficiente para las juergas de fin de semana me di cuenta de que lo usaba en exceso y conseguí ser consciente de cuanto lo decía y lo mal que me sentaba. ¿Por qué me sentaba mal? Porque era una manera absolutamente inútil de expresarme. No me servía para nada.

Y por qué no me servía para nada, porque intentaba solucionar algo que no podía, algo que ya había pasado. No solo eso, también me echaba la culpa de no haberlo visto antes, era responsabilidad mía: tenía que haberlo sabido, debería haberlo hecho de otra manera, podría haber hecho otra cosa… Yo era quien tenía la culpa, no había circunstancias ni causas externas que me libraran de la responsabilidad. Y, oye, aunque muchas veces se puede predecir el resultado de algo y uno es responsable de sus actos; otras muchísimas más no tienes suficiente información ni tienes la bola de cristal que te permita adivinar las cosas. No, a toro pasado es muy fácil darse cuenta de las cosas, lo difícil es darse cuenta en el momento.

También observé que esta manía se extendía a cosas tontísimas por las que también me fustigaba y declaraba culpable, desde entrar en un bar desconocido sin referencias y pensar después que en otro hubiera comido mejor —aunque en éste había comido normal— o cuando después de comprar algo de ropa al llegar a casa pensaba que tenía que haber comprado aquello que no elegí en la tienda. Casi en cada momento pensaba en todo lo que podía estar haciendo en lugar de lo que había elegido. Si iba al cine tendría que haberme ido de copas con el otro grupo de amigos, si iba a tomar el aperitivo debería haber ido a esa exposición con fulanito, si estaba en la piscina debería haber ido de excursión… Y no porque lo estuviera pasando mal en ese momento sino porque puede que la otra elección fuera mejor.  Aunque estoy convencido que si hubiera elegido lo otro pensaría igual, que la elección que no había escogido hubiera estado mejor. Una locura. Si los «tenía que» son malos en cosas serias, extendidos a casi todas las elecciones de tu vida son muchas papeletas para ser infeliz sin tener una razón muy objetiva. Otro de esos ejemplos tontos que era clásico era aquel de que te ha tratado mal un dependiente, un camarero o consideras que algo está mal pero no dices nada y luego estás medio día pensando en que deberías haberlo dicho.

Pero como decía al principio, me he quitado bastante. Cuando hago algo me concentro en ese algo que estoy haciendo y no en todas las cosas alternativas que podría haber hecho. Porque muchas veces me amargaba cosas que no salían desastrosas en absoluto. Es más, ya casi ni lo hago cuando el plan que he elegido ha resultado un desastre. En vez de pensar que tendría que haber elegido otra cosa, simplemente tomo nota y sé que seguramente no le daré una segunda oportunidad ni lo repetiré y si encuentro los errores, los tengo en cuenta para no repetirlos en un futuro. Y si hay algo que no me gusta, o protesto en el momento, o lo dejo pasar, pero no me paso un día después pensando que tendría que haber protestado.

Ya cuando hablamos de cosas más serias, de esas decisiones de las que te arrepientes cuando revisas tu pasado y ves metidas de pata que han marcado tu vida ya casi no pienso en lo que tendría que haber hecho en vez de lo que hice. ¿Por qué? Porque no puedo viajar al pasado y decir a mi yo más joven que lo haga de otra manera, no, ahora pienso que si en un futuro se me da una situación parecida ya sé lo que no tengo que hacer, o con lo que no estoy contento y trato de actuar de una manera diferente. Porque el pasado ya no existe y dar vueltas sobre lo que podías haber hecho esa vez y qué consecuencias podría haber tenido otra elección es un ejercicio de ficción agotador e inútil, porque todas esas ramificaciones no existen y tampoco sabes como te hubieran resultado, es más, si actúas así seguramente no aprendas ninguna lección porque estás entretenido pensando pasados alternativos que nunca han existido. No, centrarse en el pasado sin sacar conclusiones para tu futuro nunca ha sido una buena cosa. Hay que usar el pasado para abordar el futuro mejor preparado.

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